domingo, 25 de marzo de 2012

Biblioteca Colombina: (1ª parte) Biblioteca "Fernandina o Hernandina"

Hernando Colón, nacido de los amores de Cristóbal Colón con la cordobesa Beatriz Enríquez de Arana en 1488 no será reconocido hasta el año siguiente del descubrimiento mediante su presentación en la Corte y nombrado paje del infante don Juan. Su estancia en la corte de los Reyes Católicos y el influjo del preceptor Pedro Mártir de Anglería le llevan probablemente a inclinarse de manera casi exclusiva al mundo del libro y la cultura.

Acompañó a su padre en el cuarto viaje a América siendo testigo presencial de las peripecias de esta expedición, y a partir de este momento se reafirma en él la afición a la navegación y a la cosmografía, tema bastante habitual en sus círculos familiares.

La vida de don Hernando es múltiple. Guardador de las tradiciones a que su familia debe tanta celebridad, viajero y sabio, cosmógrafo, bibliófilo y bibliógrafo de primer orden, escritor y poeta, apasionado de las artes tanto como de las letras, en correspondencia continua con los más célebres literatos de su tiempo, consagrado enteramente al bien de la humanidad.

Viajó muchísimo por el extranjero: según su opinión como mejor conocedor del mundo del libro de su tiempo, cuando evoca sus vivencias en el testamento (1539) escribe que para adquirir libros, especialmente del mercado internacional, tuvo que salirse fuera de la Península Ibérica, porque "de proveerse syenpre (i.e. sólo) de libros en Sevilla o en Salamanca, avrá ynfinitos libros de que nunca terná noticia, ni se pornán en la librería, porque nunca se traen a estas partes (i.e. a España)". Por ello recorrió los grandes centros de la imprenta y del libro europeos: Amberes, Lyon, Nuremberg, Roma, París y Venecia, ciudades que destaca expresamente. En líneas generales, las circunstancias que el humanista y bibliófilo sevillano recuerda son también las que caracterizan la situación de este siglo.

Pasará largas estancias en Roma entre 1512 y 1516 para ayudar a su hermano Diego en uno de sus muchos pleitos; viaja a Alemania, Países Bajos (1520-1522) para la coronación del Emperador formando parte de la comitiva de Carlos V, aunque pronto se separa de ella y marcha a Italia; siempre a la búsqueda de nuevas adquisiciones para su biblioteca. Posteriormente viajará de nuevo a Centroeuropa entre 1529-1531 y a Francia en 1535-1536.

Un rasgo importante de su personalidad es su influencia italianista y como consecuencia su genovesismo que llevará siempre como bandera durante toda su vida: en Sevilla se rodeó de un círculo de amistades formado principalmente por banqueros y comerciantes italianos, hablando este idioma con gran perfección.

La faceta más conocida de este gran personaje es la de amante y atesorador de libros, sin embargo hay que señalar que estamos ante una persona polifacética en todos los aspectos, capaz, en la línea de los humanistas italianos, de trabajar con brillantez en varios campos. Debe destacarse su actividad como cosmógrafo: propuso a Fernando el Católico en 1511 llevar a cabo un viaje de exploración para hallar un paso marítimo en tierra de las Indias; dejó una inacabada Geografía de España; Carlos I lo nombró como uno de los representantes técnicos de España en las Juntas de Elvas-Badajoz para dilucidar junto a los portugueses la disputa existente entre las dos Coronas por la posesión de las Molucas.

Como escritor habría que mencionar su famosísima Historia del Almirante don Cristóbal Colón, obra fundamental, aunque controvertida, para el estudio del descubrimiento de América y viajes colombinos. Sin embargo habría que sopesar un poco los argumentos de dicha Historia, pues llegado el caso, si no manipula, sí que emplea únicamente la información que le convenía a sus propósitos.

No todo en su vida fue florecimiento, pues aunque él fue reconocido como hijo del Almirante, el peso de la bastardía siempre le acompañó. El amor que le profesaba su padre no continuó en su hermanastro Diego y menos en la mujer de éste doña María de Toledo, los cuales le hicieron renunciar a la herencia paterna. Su fortuna se basó en los ingresos procedentes de la generosidad de la monarquía, en especial de Carlos V. Otro aspecto a tener en cuenta es el carácter riguroso, testarudo y tal vez antipático de don Hernando que se plasma en las cláusulas del Testamento entendiéndose que no debía ser fácil la convivencia con este personaje.

Tres obsesiones que se complementarán mutuamente llenarán la vida futura de este gran humanista: los pleitos relacionados con la herencia de su padre, la cosmografía y la compra de libros adquiridos a ritmo de vértigo.

El ser hijo de Colón le valió a Hernando cierta notoriedad, pues a falta de otros títulos mejores bien podía presumir como descendiente del ilustre descubridor. Esta favorable circunstancia le sirvió al bibliófilo en no pocas ocasiones, para obtener algunos ejemplares de los propios autores. Así ocurrió en 1517, cuando durante una estancia en Alcalá de Henares consiguió que Antonio de Nebrija le regalara una obra suya. Mas tarde, el 7 de octubre de 1520 al mismísimo Erasmo de Rótterdam le tocó agasajarlo en Lovaina con un ejemplar del Antibarbarorum liber, dedicado de puño y letra.

Lo que admira es el exquisito mimo y cuidado que puso en la formación y organización de su biblioteca privada. Fue sin duda alguna una figura excepcional en el mundo del libro y particularmente en las técnicas de trabajo intelectual. No es sólo el hecho de haber reunido unos miles de libros, sino el sistema que inventó para la rápida y segura consulta de ellos. Hoy en día podemos afirmar que Hernando Colón dotó a su biblioteca de una organización muy semejante a la generalizada en la actualidad, donde no falta un fichero topográfico, otro alfabético y otro de materias. Además concibió algo tan consubstancial con la ciencia moderna como son los abstracs y un método próximo a los encabezamientos bibliográficos. Fue un bibliófilo de tal importancia, que en su época, con los medios de comunicación que había, y en el estado de las publicaciones de aquel siglo , logró hacer, a favor de las letras y ciencias, una obra tal, que podrá ser igualada, pero difícilmente superada, teniendo presente que la suya fue una personal, no colectiva.

El siglo XVI, estimulado por la idea de renacer, está cruzado por conceptos innovadores nacidos de una tradición. Recuperar era muy importante. Todas las grandes figuras humanistas perciben que el tiempo que les ha tocado vivir es especial: un tiempo en el que la humanidad, retorna a sus orígenes, una renovación total que le permite recobrar la fuerza, el ímpetu que sólo es posible encontrar en el principio. El hombre del renacimiento es eminentemente activo: intenta, prueba, experimenta, construye, impulsado por una ansiedad de búsqueda que lo lleva a poner en discusión y someter a verificación las certezas consagradas por la tradición secular. Este espíritu de libertad, de apertura, constituye la condición para la revolución copernicana y todos los grandes descubrimientos de la época.

En este ambiente humanista, Hernando Colón se destaca como un grande de este movimiento cultivando los autores latinos en una doble o triple vertiente, pues aparte de reunir en su librería centenares de libros clásicos manuscritos e impresos, catalogó y extractó muchos de ellos y lo hizo siempre en lenguaje latino muy correcto.

D. Hernando tuvo una estrecha amistad con notables pensadores y escritores de su época, muchos de los cuales visitaron su casa-palacio de la Puerta de Goles en Sevilla. Allí trabajaron en su biblioteca, dejando en sus obras testimonios muy elocuentes de la cantidad y calidad de los fondos recogidos por su huésped. Desde Juan Vaseo (estuvo al frente de la biblioteca) hasta Nicolás Clenardo quien al visitar la casa, califica a la biblioteca de completísima, Gonzalo Fernández de Oviedo, Florián de Ocampo, Juan de Mal Lara, Francisco López de Gomara, García Matamoros o Gonzalo Argote de Molina.

Durante las últimas décadas del siglo XV se habían desarrollado en los reinos hispánicos fecundos y poderosos movimientos humanísticos y religiosos, siendo una de sus figuras más representativas Antonio de Nebrija (Gramática). Fue en este nuevo ambiente cuando, el 7 de octubre de 1520, Erasmo recibió en Lovaina la visita de Hernando Colón, a quien obsequió con un ejemplar de su reciente Antibarbarorum liber. El hijo del descubridor había encontrado en Erasmo su ídolo personal.

Los hombres que estuvieron más cerca de Hernando Colón a nivel intelectual, no dejan de transmitirnos la idea de que la grandeza de la Biblioteca Fernandina residía sin duda en dos extremos: el elevado número de obras y los instrumentos de consulta a disposición de los usuarios para la rápida y segura consulta.

El humanismo de don Hernando queda patente en el catálogo de la biblioteca. De modo general, nos da la idea de una colección medieval, con mucha influencia teológica y eclesiástica, [relacionado con el cardenal Cisneros (Biblia Políglota)] incluso con numerosísimos libros de piedad y opúsculos devotos, en la que no faltan los autores y filósofos de la antigüedad greco-romana, los esoteristas y teósofos, a la par que las obras de cultura general, y los tratados de matemáticas, medicina, cosmografía y geografía disponibles en ese entonces, ya que hay que tener muy en cuenta para cualquier valoración, que las obras impresas eran muy escasas en aquella época, y en muchos casos las ediciones de los primeros incunables apenas superaban en número a la de ciertos manuscritos.

La Biblioteca Colombina, “Fernandina o Hernandina”, como en un principio quiso denominarla su creador Hernando Colón, comienza su andadura por el año 1509; unos años mas tarde, 1513, tras visitar Roma, pone en marcha su proyecto de biblioteca; la planifica hacia 1518 y forma el equipo que trabajará en ella en 1522. Esta biblioteca nutrirá sus fondos mediante tres caminos: por inversiones, donaciones y la ayuda del Estado.

Por inversiones: D Hernando Colón fue un empedernido viajero y aprovecha estos viajes, que le hicieron recorrer gran parte de Europa, para comprar libros. Tuvo un interés desmedido por adquirir cuanto se editaba donde quiera que fuese: en España o en los centros libreros más importantes de la época.

Por donaciones: Hernando Colón fue uno de los grandes bibliófilos de su tiempo. Su preocupación por las ciencias, su amistad con los humanistas de entonces, sus viajes, propiciaron la donación continuada de libros.

Con la ayuda del Estado: el emperador Carlos V en respuesta a la petición hecha por Hernando Colón en un Memorial no se hace cargo de la financiación de todo el proyecto de la Biblioteca, pero acude con una notable subvención de doscientos veinticinco mil maravedíes para ayudarle en la sustentación de la librería, considerando la repercusión que este proyecto afectaría a la ciudad de Sevilla en particular y a la nación en general y sobre todo en beneficio de la cultura.

Como se puede ver, cuando se consulta su catálogo, la biblioteca del hijo, que fue educado esmeradamente, refleja las inquietudes de su padre, y ambos la de su época, donde se destaca la extraordinaria figura de Cristóbal Colón, directamente vinculada a la Historia de la Ciencia, y ejemplo vivo del Renacimiento.

A la hora de crear un equipo de trabajo que le ayudara en la confección de los libros de Autores, Ciencias, Epítomes y Materias, don Hernando pensó en convocar una plaza que habría de salir por oposición en Salamanca y adjudicarse al mejor latino que a ella se presentara. Estaba obligado a residir en Sevilla al menos durante tres años y quedaba como responsable principal de la biblioteca su amigo y colaborador Juan Pérez (figura clave en la historia de la Colombina).

Sin embargo dos hombres eran un número insuficiente para llevar adelante la empresa bibliográfica y documentalista concebida por don Hernando. Según distintas informaciones conservadas indican que en ella trabajaron intelectuales asalariados, para llevar a cabo la redacción de los epítomes y la extracción de las materias, exigiendo para ello una buena preparación.

El equipo más famoso que tuvo a su servicio fue el formado por Nicolás Clenardo, Juan Vaseo (probablemente el autor de la redacción de las Materias y la mayor parte de los Epítomes conservados) y Juan Hammonio o Amonio (doctor en leyes oriundo de Francia), a los que contrató en 1530 en Lovaina. Otro de los extranjeros entregado al servicio de la biblioteca fue Desiderio Tabelión, que procedía de Borgoña.

Las versiones sobre la adquisición de libros por parte de Cristóbal Colón son varias. Una primera que indica que el empeño de encontrar la nueva ruta hacia Asia acrecienta su interés y esto le hace instruirse adquiriendo ejemplares de las más reconocidas enciclopedias y tratados geográficos y libros de viajes, y otra segunda que afirma que dichas obras, como la mayor parte de su biblioteca, las adquirió posteriormente, durante su permanencia en España, para reafirmarse en sus teorías descubridoras haciendo acopio de material bibliográfico que le sirviese para refutar a aquellos que argumentaban que no había encontrado las Indias pretendidamente descubiertas por él. Es entonces cuando se dedica a la compra de libros.

Sea como fuere la adquisición de estos libros, Cristóbal Colón dejó al morir una biblioteca respetable para la media de su época. Leyó con gran interés la Geografía de Ptolomeo que sostenía que las costas del oeste europeo y las orientales de Asia estaban bañadas por un mismo mar. También leyó la Historia rerum ubique gestarum (1477) (Historia de todas las cosas y de los hechos que se han hecho en el mundo) de Aeneas Sylvius Piccolomineus (Papa Pío II). Sabía de memoria la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d’Ailly en donde se afirmaba que el océano no era tan ancho y podía ser atravesado en pocos días. Algunas de estas obras fueron las que formaron parte del legado bibliográfico que Cristóbal Colón dona a su hijo Hernando y pueden considerarse como la semilla de la futura Biblioteca Colombina que reflejarán las inquietudes de su época, vinculadas a la Historia de la Ciencia.

La idea de construir un palacio digno de la familia Colón en Sevilla y en el que tuviera cobijo la gran biblioteca que tenía ya formada y sirviera de centro de trabajo del equipo que confeccionaba los repertorios fernandinos, debió de gestarse hacia el año 1525. En un momento de sosiego y durante una de sus largas estancias prolongadas en Sevilla, don Hernando decidió edificar en 1526, junto a la Puerta de Goles, a orillas del Guadalquivir, una vivienda “al estilo de las villas suburbanas recreadas en Italia por los humanistas y arquitectos del renacimiento florentino”. Esta decisión pudo deberse fundamentalmente, según don Antonio Muro Orejón, a la atracción que sentía Hernando Colón por Sevilla, su clima y sus costumbres, como su rango de metrópoli de las Indias. Todo esto unido a los lazos de afecto con los Cartujos de Santa María de las Cuevas, y el amor a la población donde estaban depositadas las cenizas de su padre.

La casa estaba situada en unos terrenos que comprendían desde la orilla del río hasta la muralla de la ciudad, en la parte de la llamada Puerta de Goles, y que más tarde se denominaría Puerta Real por ser por donde entró en la ciudad Felipe II en 1570.

Junto a la casa, plantó un huerto frondosísimo con toda una variedad de árboles de adorno y frutales que hizo traer de todas partes para que se convirtiese en lugar reservado para él y sus amigos, y en la distribución de las habitaciones, la mayor parte ocupadas por los libros de la Biblioteca, se puede observar la distribución física de las obras atendiendo a las Materias.

Además de la sede de su espléndida biblioteca, la casa de Goles se convirtió en el segundo centro de estudios cosmográficos de España, desarrollando actividades paralelas a las que tenía como propias la Casa de la Contratación de Sevilla. Estas actividades científicas en torno a la Cosmografía y arte de navegar, con lecciones públicas para los interesados, son sin duda el fundamento de la idea, compartida por los historiadores sevillanos de que Hernando Colón estableció en su casa una Academia de Matemáticas para instruir a los jóvenes estudiosos.

Al mismo tiempo que compraba libros en sus viajes por Europa (Alemania, Flandes, Italia, Francia), adquiría estampas y grabados, llegando su colección a ser una de las más importantes del mundo. Estos grabados estaban clasificados según lo que representan: en personas, animales, inanimados, lazos, tierras y follajes. Dentro de cada uno de estos apartados están ordenados por su tamaño en relación con el pliego de papel. De cada grabado se hace en el “registro” una minuciosa descripción de lo que representaba, de su leyenda y el idioma en que estaba redactada, con indicación, si la tenía, de la fecha y de la marca. Aunque la mayor parte de los grabados estaba sobre papel, había ejemplares en pergamino y también en colores. Grandes artistas alemanes como Alberto Durero y Lucas van Leyden, e italianos como Andrea de Venecia, Juan Bautista del Porto, son algunos representantes de la obra recopilada por Hernando Colón.

FUENTE: INSTITUCIÓN COLOMBINA

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